Por Manuel Palomino --
En la discusión actual acerca de las identidades culturales y los desplazamientos sociales, escasas vivencias evidencian tanto como la de la comunidad chicana. No obstante, más allá de los aspectos lingüísticos, artísticos o históricos, hay un núcleo menos investigado pero de gran importancia: la dimensión emocional de la identidad chicana. Esta obra sugiere examinar el fenómeno desde un enfoque poco tradicional: la geopolítica de los sentimientos.
¿Qué es la geopolítica de las emociones?
De acuerdo con Dominique Moïsi (2009), el pensamiento colectivo influye en las decisiones políticas, al igual que en los intereses económicos o estratégicos. En su libro The Geopolitics of Emotion, Moïsi describe la manera en que el temor, la esperanza o la humillación pueden influir en cómo las comunidades perciben su posición en el mundo y reaccionan ante los procesos de integración o exclusión.
La implementación de este enfoque en el caso chicano nos facilita entender cómo la vivencia emocional de la pertenencia fragmentada, la nostalgia o el orgullo lastimado puede construir una identidad resistente, intensamente política.
Sentir desde la frontera
La frontera entre México y Estados Unidos no solo representa una ubicación geográfica, sino también un territorio emocional. La vivencia chicana no se determina únicamente por la frontera geográfica, sino también por el conflicto interno de "no ser totalmente aceptado" en ninguno de los dos mundos. Según Gloria Anzaldúa, esta zona liminal es una "herida abierta en la que dos mundos se encuentran para desgarrarse mutuamente" (Borderlands/La Frontera, 1987).
Este sufrimiento común se transforma en una fuerza de unión identitaria. El rencor ante la marginación, la dignidad frente a las dificultades y la aspiración de reconocimiento son sentimientos colectivos que moldean una subjetividad política compartida.
Emociones como motor político
Desde los movimientos estudiantiles hasta las acciones diarias de afirmación cultural, las emociones han tenido un papel crucial en la movilización de los chicanos. De acuerdo con Sara Ahmed (2004), las emociones no son personales o privadas, sino que se desplazan entre cuerpos y espacios, creando comunidad e influyendo en las estructuras sociales. La indignación por la desigualdad, el orgullo de los antepasados o el luto por las pérdidas históricas se transforman en emblemas movilizadores, que exigen no sólo derechos, sino también dignidad.
Este marco teórico nos brinda la posibilidad de entender cómo una comunidad históricamente marginada ha conseguido reestructurar sus sentimientos para modificar su realidad y establecerse como un grupo político.
Implicancias para las Relaciones Internacionales
Desde el ámbito de las Relaciones Internacionales, la vivencia chicana representa un reto para los enfoques convencionales enfocados en los Estados y la lógica estratégica. Nos impulsa a reconsiderar el rol de las emociones en los procesos de inclusión, exclusión y formación de la identidad. La geopolítica ya no puede restringirse a mapas y acuerdos: también debe tener en cuenta los mapas emocionales que configuran la pertenencia y el rechazo en escenarios transfronterizos.
Además, la identidad chicana nos incita a reflexionar sobre nuevas modalidades de ciudadanía: más allá de los roles jurídicos, surge una ciudadanía emocional, caracterizada por el vínculo emocional con una cultura, una historia y una comunidad.
Conclusión
Investigar el orgullo chicano a través de la geopolítica de las emociones nos brinda la oportunidad de profundizar en el estudio convencional de la identidad y la pertenencia. Expresiones emocionales como el recuerdo, la frustración o el orgullo no son manifestaciones personales, sino manifestaciones sociales que evidencian estructuras de poder y marginación.
Desde un enfoque internacionalista, entender estas dinámicas emocionales puede desbloquear nuevos caminos para la creación de sociedades más inclusivas, en las que la identidad no sea motivo de separación, sino de resistencia creativa y pertenencia diversa.
Referencias:
- Ahmed, S. (2004). The Cultural Politics of Emotion. Edinburgh University Press.
- Anzaldúa, G. (1987). Borderlands/La Frontera: The New Mestiza. Aunt Lute Books.
- Moïsi, D. (2009). The Geopolitics of Emotion: How Cultures of Fear, Humiliation, and Hope are Reshaping the World. Doubleday.
- Olmos, M. (2018). “Affective Belonging and Transnational Citizenship: Chicana/o Identity and Emotional Politics”. Journal of Intercultural Studies, 39(2), 177-192.
- Saldaña-Portillo, M. J. (2003). The Revolutionary Imagination in the Americas and the Age of Development. Duke University Press.

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